Antioxidantes, vitaminas y grasas buenas que se notan por dentro… y por fuera.
Aprovechando el regalazo que me trajo ayer mi maravillosa, fuerte, emprendedora y admirada paciente Raquel (a ver si dejas de fumar, que es tu único defecto-tenía que decírtelo 😉), hoy te propongo mirar tu frutero con ojos de cuidado de la piel. La carambola, el mango y el aguacate forman un trío delicioso que nutre, hidrata y protege. No son “pócimas mágicas”, pero sí aliados constantes: cuando incluyes este tipo de alimento con regularidad, tu energía se estabiliza, tu digestión lo agradece y tu piel gana luz.
La carambola (o fruta estrella) sorprende por su ligereza y su frescura. Aporta vitamina C y polifenoles que ayudan a combatir el estrés oxidativo—ese “desgaste” silencioso que apaga el tono de la piel—y favorecen la formación de colágeno. Su toque crujiente y ácido va genial para despertar el paladar y acompañar comidas saladas. Un apunte importante: por su contenido en oxalatos, las personas con enfermedad renal o que toman ciertos medicamentos deben evitarla o consultarlo con su profesional de salud; la seguridad va primero. A mis hijos les encanta por su forma preciosa de estrella tanto como postre como guarnición de cualquier plato proteico.
El mango es para mí el sumum de la fruta. Rico en vitamina C y beta-carotenos (pro-vitamina A), apoya la síntesis de colágeno, ayuda a la piel a defenderse del daño ambiental y contribuye a un tono más uniforme con esa luminosidad que tanto nos gusta. Además, su fibra alimenta a tu microbiota—y ya sabes que un intestino en calma suele reflejarse en una piel más contenta. Madura o en su punto, el mango endulza sin extremos y te regala esa sensación de “postre natural” que está riquísimo.
El aguacate es un superalimento que protege tu barrera cutánea y tus membranas desde dentro. Sus grasas monoinsaturadas (especialmente ácido oleico) y su vitamina E ayudan a proteger los lípidos de la piel, favorecen la elasticidad y sostienen una hidratación más estable. También aporta folatos, potasio y fitoesteroles que acompañan al bienestar cardiovascular y sacian sin pesadez. Cuando lo sumas a tus platos, notas cómo el hambre se regula y la energía no hace “montaña rusa”, ya que estabiliza los picos de insulina.
¿Cómo integrarlas en tu día a día? Empieza fácil, están tan buenos que no hace falta complicarlo. La carambola, en láminas, ilumina una ensalada con hojas verdes, pepino y un chorrito de lima. El mango combina de maravilla con yogur natural, canela y un puñado de nueces, o en un bol con quinoa, hierbas frescas y un toque de chile. El aguacate es versátil: sobre tostada integral con tomate y aceite de oliva, en dados dentro de una ensalada cítrica, o triturado con limón y cilantro o pimentón para acompañar verduras al horno o cualquier cosa. ¿Quién dijo que nutrir a tu piel era aburrido?.
Recuerda que la piel es un órgano vivo que responde a un conjunto de hábitos: dormir bien, moverte, gestionar el estrés, beber agua y elegir alimentos reales. Estas tres frutas suman antioxidantes, vitaminas y grasas buenas a esa base; con constancia, la diferencia se ve y se siente.Feliz martes❤️Marina
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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