Tras dos meses de confinamiento que llegó por sorpresa, llevamos ya más de un mes en lo que se ha denominado “la nueva normalidad”.
Para la inmensa mayoría esta situación ha supuesto un alivio y la recuperación progresiva de las rutinas previas. Pero hay personas a las que les está costando salir a la calle; después de tanto tiempo de encierro, su casa se ha convertido en un lugar seguro y sienten miedo a la hora de abandonar ese espacio protegido contra el temido coronavirus. Y es sabido este aislamiento puede tener efectos negativos en su salud física y mental.
El llamado “síndrome de la cabaña” es el estado emocional en el cual algunas personas comienzan a sentir ansiedad y temor tras largos períodos de encierro cuando son “liberadas”. Aunque no es un trastorno psicológico y tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Psiquiatría Americana no lo clasifican bajo dicha categoría, ahora se ha puesto muy de moda para explicar la negativa de muchas personas a salir a la calle.
¿Por qué aparece el miedo?
El miedo es una emoción primaria, que aparece de forma involuntaria y tiene como función garantizar nuestra supervivencia ante una situación de peligro. El SARS-CoV-2 es una amenaza real, por eso el miedo, habitando las estructuras más primitivas de nuestro cerebro, se activa de forma cuasi-automática para protegernos. Este miedo tiene una función adaptativa, nos ayuda a ser cautos y responsables en la situación actual.
Pero el miedo se convierte en un problema cuando es muy intenso, duradero y viene acompañado de otros síntomas y comportamientos, como el de evitar salir.
Lo cierto es que las imágenes que vemos a diario en los medios de comunicación, con personas que incumplen las medidas de seguridad, y la sobreexposición a los nuevos datos de la pandemia, tan poco esperanzadores, favorecen dichos comportamientos evitativos.
Aunque todos somos vulnerables, hay cinco colectivos especialmente sensibles:
- Las personas con factores de riesgo para la Covid-19, especialmente los mayores, dado que la insistencia razonable en proponer medidas reforzadas de prevención puede producir incrementos muy significativos del sentimiento de temor.
- Las personas con patologías de salud mental para las cuales el confinamiento lleve asociado un agravamiento de la sintomatología asociada a su enfermedad. Especialmente trastornos de ansiedad, agorafobia, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos afectivos y trastornos psicóticos.
- Los niños que, usando su imaginación, han dibujado un mundo habitado de monstruos invisibles. Además, los niños han pasado de estar sólo unas horas al día con sus padres a poder disfrutar de ellos jornadas completas, privilegio al que cuesta renunciar.
- Personas que han padecido formas severas de la Covid-19.
- Personas que han perdido a un ser querido, donde a las especiales circunstancias del duelo, debemos añadirle el lógico incremento del temor por la traumática experiencia vivida.
¿Qué podemos hacer?
- Date tiempo. Debes darte tiempo para aceptar y gestionar la nueva situación, cada uno tenemos nuestros tiempos y ritmos, por eso es importante no forzarnos a nosotros mismos ni a los demás.
- Acepta el miedo: Debes escuchar tu miedo, no para bloquearte sino para que te ayude a protegerte.
- Cuida el diálogo interno. No caigas en el negativismo y susúrrate mensajes de comprensión y ánimo.
- Analiza tus pensamientos irracionales, especialmente los catastrofistas, refútalos con argumentos.
- Relájate y respira: Las reacciones fisiológicas y psíquicas aparecen de forma automática. Pero todos contamos con una gran aliada, la respiración. Centrarnos en ella puede ayudar a regular la ansiedad.
- Establece rutinas y objetivos muy a corto plazo. No te dejes arrastrar por el letargo o la inactividad.
- Exponte gradualmente. Sal de forma paulatina para enfrentarte al miedo y a la inseguridad que produce salir fuera del refugio; inicialmente acompañado, si es posible, en espacios poco concurridos y poco tiempo. Lo importante es entender y sentir que, si se sale a la calle con las medidas adecuadas, no tiene por qué pasar nada.
- Gestiona tu rabia: Puede que al salir te encuentres con gente irresponsable que no cumple las normas y que esto te quite las ganas de ir a la calle. Céntrate en lo que sí puedes controlar y no malgastes energía en algo que no depende de ti.
- Comunícate: Una de las estrategias más eficaces es compartir con los demás tus sentimientos y miedos, escuchar sus experiencias en una ayuda mutua.
Si a pesar de estas recomendaciones la persona sigue presentando dificultades para salir de casa, convendría solicitar ayuda profesional.


















