Vivimos en una época en la que parece que siempre debemos estar en movimiento: trabajando, produciendo, resolviendo, avanzando. Sin embargo, hay algo profundamente humano —y profundamente necesario— que muchas veces olvidamos: parar.
Parar no significa rendirse.
Parar no significa quedarse atrás.
Parar, en realidad, muchas veces significa cuidar el camino para poder seguir avanzando mejor.
Hay una historia muy conocida que me gusta recordar en momentos así.
Cuenta la historia de dos leñadores que competían por ver quién podía cortar más árboles durante el día. El primero, de Bilbao, trabajaba sin detenerse ni un minuto, golpeando el tronco una y otra vez. El segundo, en cambio, de Valverde, cada cierto tiempo hacía pausas.
Al final de la jornada, para sorpresa de todos, el segundo leñador había cortado más árboles.
El primero, agotado, le preguntó:
“¿Cómo es posible? Yo no paraba ni un momento, y tú te detenías cada rato, como buen canario (ya me dirán que no escuchan esto cada rato)”.
El segundo respondió con calma (para qué estresarse):
“Mira mi niño, cada vez que me veías apalancado, no es que estuviera sobando… estaba afilando el hacha”. (por supuesto el de Bilbao, no entendió ni la mitad…)
En nuestra vida ocurre algo muy parecido.
A veces creemos que seguir haciendo, haciendo y haciendo es la única forma de avanzar. Pero la realidad es que también necesitamos momentos para afilar nuestra propia herramienta: parar, respirar, reflexionar, ordenar nuestras ideas, revisar nuestros objetivos y reconectar con lo que realmente nos importa. ¿Acaso sabemos muchas veces qué es realmente lo que nos importa? ¿Lo sabes?.
Esos momentos de pausa no son tiempo perdido.
Son tiempo invertido en vivir mejor y de forma más consciente. Establece tus prioridades, tu propósito y tus límites.
Cuidar de nuestra salud, de nuestra piel y de nuestro bienestar también pasa por eso: escuchar a nuestro cuerpo, respetar nuestros ritmos y permitirnos espacios para recargar energía.
Así que si en algún momento sientes que necesitas parar un poco, recuerda que no estás deteniéndote…
simplemente estás afilando el hacha. Y es lo mejor que puedes hacer.
Feliz miércoles,
Marina—
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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