En la vida y en el trabajo solemos movernos entre dos estilos de relación: los givers, que aportan y comparten sin esperar nada a cambio, y los takers, que priorizan obtener beneficios personales. La investigación en psicología y ciencias del comportamiento muestra que, a largo plazo, quienes se inclinan a dar no solo construyen mejores relaciones y entornos más cooperativos; también son más felices y prosperan más. Esta idea la desarrolló el profesor Adam Grant al estudiar cómo estas tendencias influyen en el éxito y el bienestar de personas y equipos en Harvard.
¿Por qué dar nos hace sentir mejor? Una explicación es que los actos en beneficio de la sociedad activan circuitos de recompensa y refuerzan el sentido de propósito. Diversos estudios experimentales han mostrado que usar tiempo o recursos para ayudar a otros aumenta la felicidad inmediatamente y de forma sostenida. Un trabajo clásico publicado en Science demostró que gastar dinero en otras personas, en lugar de gastarlo en uno mismo, eleva el bienestar subjetivo de forma más importante.
Más allá del “subidón” emocional, ser generosos también se asocia con beneficios para la salud. Un metaanálisis sobre actos de amabilidad encontró mejoras significativas —aunque moderadas— en bienestar y reducción de síntomas negativos. En paralelo, la evidencia observacional sugiere que el voluntariado regular se vincula con mejor salud mental y, en mayores, incluso con menor mortalidad, probablemente por el aumento de conexión social, actividad física ligera y propósito vital que conlleva. Qué importante, el propósito vital…¿cuándo fue la última vez que paraste a pensar sobre ello?.
Ahora bien, ser un giver saludable requiere cabeza y unos límites. La generosidad más sostenible combina calidez con límites sanos: elegir causas y personas a las que podamos apoyar sin descuidar nuestro descanso, nuestra economía y nuestras prioridades. De hecho, la literatura recomienda “agrupar” los actos de ayuda (por ejemplo, dedicar una o dos franjas fijas a mentoría o voluntariado) para maximizar el impacto y evitar el agotamiento. En otras palabras, ser generosos con inteligencia.
La conclusión es simple y fácil de llevar a cabo: compartir, ayudar y colaborar mejora nuestro estado de ánimo hoy y nuestra salud mañana. Es bonito ser generoso por altruismo; pero, incluso “por puro egoísmo”, sale a cuenta: nos hace más felices, más conectados y probablemente más longevos. Y ya te digo yo, que si eres más feliz, tu piel va a estar más bonita.
Feliz martes,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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