Ayer hablaba con un paciente sobre este tema en la consulta y lo importante que es cuidar ciertos detalles de nuestros hábitos para mejorar nuestra salud general. Cuando hablamos de “estimular el sistema vago”, en realidad nos referimos al nervio vago, una pieza clave del sistema nervioso parasimpático: el encargado de favorecer el estado de calma, recuperación y digestión. Este nervio ayuda a regular funciones automáticas como la respiración, la frecuencia cardiaca y parte de la actividad digestiva, por eso su buen funcionamiento se asocia con una mejor capacidad para volver al equilibrio tras momentos de tensión.
¿Por qué es importante cuidarlo?
Vivimos en un entorno que nos mantiene con frecuencia en “modo alerta”. Ese exceso de estrés sostenido puede hacer que nos cueste descansar, concentrarnos o incluso digerir bien. Favorecer hábitos que apoyen la actividad parasimpática no significa “curarlo todo”, pero sí puede ayudarnos a regular mejor la respuesta al estrés, respirar con más calma y sentir mayor sensación de bienestar general. Las técnicas de relajación, de hecho, se asocian con una respiración más lenta, menor frecuencia cardiaca y una respuesta corporal opuesta al estrés.
4 formas sencillas de favorecer esa activación en el día a día
1. Respiración diafragmática
Respirar de forma lenta y profunda, llevando el aire hacia el abdomen, puede ayudar a activar la respuesta de relajación. Especialistas del hospital Johns Hopkins explican que la respiración diafragmática activa el nervio vago, y estudios realizados en Harvard añaden que las exhalaciones largas favorecen la puesta en marcha del sistema parasimpático. Un ejercicio simple: inhalar por la nariz 4 segundos y exhalar suavemente 6 u 8 segundos durante 3 a 5 minutos.
2. Movimiento suave y constante
Caminar, nadar, pedalear o practicar ejercicio moderado de forma regular puede mejorar el estado de ánimo, reducir la ansiedad y favorecer un mejor descanso. No hace falta una rutina intensa: la constancia suele ser más importante que la exigencia.
3. Pausas de relajación o mindfulness
La meditación, la atención plena y otras técnicas de relajación y masaje pueden ayudar al cuerpo a salir del modo “lucha o huida” y entrar en un estado de mayor calma. Son herramientas sencillas, accesibles y útiles para incorporar unos minutos al día.
4. Priorizar el sueño
Dormir bien no solo mejora el ánimo y la concentración; también ayuda a reducir el estrés y favorece el equilibrio general del organismo. Cuidar horarios, reducir pantallas antes de dormir (sí, incluyendo el móvil y la tele) y crear una rutina nocturna estable puede marcar una gran diferencia.
En medicina, la “estimulación del nervio vago” también puede referirse a dispositivos específicos usados bajo supervisión clínica para determinadas patologías. Pero en el contexto de bienestar diario, lo más adecuado es hablar de hábitos que favorecen su función y la regulación del sistema nervioso, siempre desde un enfoque realista y sin promesas milagrosas.
Cuidar el nervio vago es, en gran medida, cuidar nuestros ritmos: respirar mejor, movernos, bajar revoluciones y descansar. Pequeños gestos repetidos cada día pueden ayudarnos a sentir más equilibrio, más calma y una mejor respuesta frente al estrés. Empieza a practicarlo hoy mismo.
Feliz miércoles,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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