Como dermatóloga, uno de los consejos más simples pero poderosos que comparto con mis pacientes es: hidrátate bien. El agua no solo es vital para nuestras funciones internas, sino que también tiene un impacto directo y visible sobre la salud y el aspecto de nuestra piel.
¿Qué dice la ciencia?
Estudios clínicos han demostrado que una ingesta adecuada de agua contribuye a mejorar la hidratación cutánea, especialmente en las capas más profundas. Un artículo publicado en Clinical, Cosmetic and Investigational Dermatology observó mejoras en la elasticidad, luminosidad y textura de la piel en individuos que aumentaron su consumo diario de agua.
Además, el agua cumple funciones fundamentales:
🔬 Participa en la síntesis de colágeno
🔬 Facilita la eliminación de toxinas y radicales libres
🔬 Ayuda a mantener la función de barrera de la piel, esencial para prevenir la pérdida transepidérmica de agua (TEWL), tan importante en cuadros con dermatitis atópica, psoriasis,…
¿Y qué pasa cuando no bebemos suficiente agua?
La piel puede volverse más seca, tirante, apagada e incluso más propensa a irritaciones. En casos de deshidratación crónica, la función de barrera cutánea se debilita, aumentando el riesgo de afecciones como eczema, rosácea o sensibilidad cutánea. La piel puede empezar a picar, se enrojece, se descama. Simplemente con una correcta hidratación por dentro y por fuera, podemos prevenir todos estos síntomas.
Consejos prácticos:
✔️ Intenta beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día, o más si haces ejercicio o hace calor
✔️ No sustituyas el agua por bebidas azucaradas o zumos. Los refrescos deberían desaparecer de la superficie de la tierra 🥴
✔️ Si no te gusta el agua sola, añade rodajas de fruta o hierbas aromáticas para dar sabor o toma agua con gas.
Recuerda: cuidar tu piel no es sólo aplicar una crema, sino que empieza con los hábitos que construyes cada día desde dentro.
Feliz martes,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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