Hoy quiero hablarte de algo que cada vez entendemos mejor en medicina: la microbiota, es decir, el conjunto de microorganismos (principalmente bacterias, pero también hongos y virus, entre otros) que conviven con nosotros en el intestino, en la piel, mucosas,…. Lejos de ser “malos”, la mayoría cumplen funciones clave para que el cuerpo se mantenga equilibrado.
¿Por qué es tan importante la microbiota intestinal?
Tu intestino alberga una comunidad enorme y diversa. Cuando está en equilibrio, ayuda a:
- Regular el sistema inmune (lo “entrena” y modula la inflamación).
- Proteger la barrera intestinal (evitar que se irrite o se vuelva más permeable).
- Producir metabolitos beneficiosos, como los ácidos grasos de cadena corta (SCFAs) (butirato, acetato, propionato), que se generan al fermentar fibra y tienen efectos antiinflamatorios e inmunorreguladores.
- Influir en procesos metabólicos y digestivos (tolerancia a alimentos, gases, regularidad para ir al baño, etc.).
Existen ensayos clínicos muy interesantes que han mostrado que una dieta rica en alimentos fermentados durante varias semanas se asoció con aumento de diversidad microbiana y descenso de marcadores inflamatorios.
¿Y la microbiota de la piel?
La piel también tiene su propio “ecosistema”. Una microbiota cutánea saludable contribuye a:
- Defendernos de patógenos (por competencia y por sustancias antimicrobianas).
- Mantener el equilibrio del pH y apoyar la función barrera (menos irritación, menos brotes).
- Modular la inflamación local.
En enfermedades inflamatorias como la dermatitis atópica, se observa con frecuencia disbiosis (desequilibrio), con mayor colonización por Staphylococcus aureus, que puede empeorar la barrera e inflamación.
También hay estudios donde introducir ciertas bacterias comensales (habitantes “buenos” de la piel) o sus productos puede reducir la colonización por S. aureus en contextos concretos.
El “eje intestino–piel”: ¿están conectados?
Sí: se habla del eje intestino–piel para describir cómo metabolitos, inflamación sistémica y señales inmunes del intestino pueden influir en la piel (y viceversa). Esto se investiga en acné, psoriasis, dermatitis atópica, rosácea, entre otras y se ha observado una clara relación entre ambos sistemas.
Consejos (prácticos y con base científica) para cuidar tu microbiota
1) Alimenta a tus bacterias “buenas” (prioriza fibra)
La fibra (verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas, avena, cereales integrales) es uno de los pilares para favorecer bacterias que producen SCFAs, con impacto en inflamación y barrera intestinal.
📌 Idea simple: intenta que en tu semana haya variedad de plantas (no solo “más ensalada”: también legumbres, tubérculos, setas, especias).
2) Considera alimentos fermentados, si te sientan bien
Ejemplos: yogur/kéfir, chucrut, kimchi, miso, tempeh, …
En estudios en humanos, una dieta alta en fermentados se asoció con mejoras en diversidad microbiana y señales inmunes.
👉 Si tienes colon irritable u otra condición digestiva, conviene introducirlos poco a poco y elegir los que toleres.
3) Reduce ultraprocesados cuando puedas
No hace falta “perfección”, pero sí consistencia: muchos ultraprocesados suelen desplazar fibra y diversidad alimentaria (lo que indirectamente empobrece el ecosistema intestinal).
4) Antibióticos: solo cuando son necesarios (y bien indicados)
Los antibióticos salvan vidas, pero también pueden reducir diversidad y alterar la microbiota; en algunos casos, la recuperación puede tardar meses.
✅ Mensaje clave: no automedicarte y no pedir antibiótico “por si acaso” (sobre todo en cuadros virales).
5) Piel: protege la barrera (eso ayuda también a la microbiota)
- Limpieza suave: evita jabones agresivos/antibacterianos de uso diario si no están indicados.
- Evita exfoliaciones excesivas o “rascar” la piel irritada.
- Hidratación: usar emolientes o hidratantes adecuados ayuda a la barrera; hay estudios que muestran que el uso de emolientes puede modificar parámetros cutáneos (como pH) y asociarse a cambios en la microbiota en contextos específicos.
6) ¿Pro/prebióticos en cápsulas?
Aquí conviene ser realistas: depende del objetivo. Para población general, lo más consistente suele ser dieta y hábitos (fibra + diversidad plantas + fermentados si toleras). Los suplementos pueden ser útiles en situaciones concretas, pero no son imprescindibles y no todos tienen evidencia científica sólida para “mejorar la piel” de forma general.
Pues mi consejo de hoy es que cuides a tus bichitos, porque ellos están con nosotros para cuidarnos también.
Feliz semana
Marina
—
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain





















