Cada vez conocemos mejor que la salud de nuestra piel depende mucho menos de los cosméticos de lo que imaginamos y mucho más de nuestros hábitos diarios.
Entre todos ellos, existe uno que destaca por encima del resto: el ejercicio físico regular.
Mover nuestro cuerpo no solo fortalece los músculos, protege el corazón o ayuda a controlar el peso. También es uno de los tratamientos más eficaces para retrasar el envejecimiento de la piel, mejorar su calidad y prevenir numerosas enfermedades.
La buena noticia es que nunca es tarde para empezar.
La piel también hace ejercicio
Aunque no solemos pensar en ella de esta manera, la piel es un órgano vivo que necesita oxígeno, nutrientes y una buena circulación sanguínea para mantenerse sana.
Cuando realizamos ejercicio moderado de forma habitual se producen numerosos cambios beneficiosos:
- Aumenta el flujo sanguíneo cutáneo.
- Mejora el aporte de oxígeno y nutrientes.
- Se eliminan con mayor eficacia productos del metabolismo celular.
- Se favorece la reparación de los tejidos.
- Disminuye la inflamación crónica de bajo grado.
Todo ello contribuye a una piel más luminosa, más uniforme y con mayor capacidad de regeneración.
El ejercicio combate la inflamación silenciosa
Uno de los grandes descubrimientos de la medicina moderna es que muchas enfermedades comparten un mismo origen: la inflamación crónica de bajo grado.
Esta inflamación participa en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, algunos cánceres, deterioro cognitivo y también acelera el envejecimiento cutáneo.
La actividad física regular reduce la producción de numerosas moléculas proinflamatorias y favorece la liberación de sustancias con efecto antiinflamatorio, conocidas como mioquinas, producidas por el músculo durante el ejercicio.
Por este motivo, el músculo se considera hoy un auténtico órgano endocrino capaz de proteger a todo el organismo.
Más colágeno y mejor cicatrización
El ejercicio favorece un entorno biológico que estimula la renovación celular y la producción de colágeno.
Además:
- mejora la oxigenación de los tejidos;
- favorece la formación de nuevos vasos sanguíneos;
- acelera los procesos de reparación;
- mejora la cicatrización.
Todo ello repercute directamente en una piel más resistente y con mejor capacidad de recuperación.
El deporte también rejuvenece desde dentro
Con el paso de los años perdemos masa muscular de forma progresiva.
Esta pérdida, conocida como sarcopenia, no solo disminuye la fuerza, sino que aumenta el riesgo de caídas, fragilidad, diabetes, osteoporosis y dependencia.
Mantener una buena masa muscular es una de las intervenciones más eficaces para aumentar la esperanza y la calidad de vida.
Por eso, cada sesión de ejercicio constituye una inversión en salud futura.
El efecto sobre las hormonas
El ejercicio regular mejora el equilibrio hormonal de nuestro organismo.
Favorece:
- una mayor sensibilidad a la insulina;
- una reducción del cortisol cuando se practica de forma adecuada;
- un mejor control del colesterol y los triglicéridos;
- una disminución de la presión arterial;
- una mejor regulación del apetito.
Todos estos cambios benefician también a la piel.
Más ejercicio, mejor microbiota
En los últimos años se ha descubierto que la actividad física favorece una microbiota intestinal más diversa y saludable.
Y sabemos que existe una estrecha comunicación entre intestino y piel.
Una microbiota equilibrada se ha relacionado con una menor inflamación sistémica y con un mejor control de enfermedades como el acné, la rosácea, la dermatitis atópica y la psoriasis.
Dormimos mejor, envejecemos más despacio
Las personas físicamente activas suelen dormir mejor.
Durante el sueño se producen algunos de los procesos más importantes para la regeneración cutánea:
- reparación del ADN;
- síntesis de colágeno;
- renovación celular;
- regulación hormonal.
Dormir mejor gracias al ejercicio significa también cuidar mejor nuestra piel.
El ejercicio protege nuestro cerebro
La actividad física aumenta la producción de factores neurotróficos como el BDNF, una proteína esencial para la plasticidad cerebral.
Diversos estudios han demostrado que mejora la memoria, la concentración, el estado de ánimo y puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Una mente sana también se refleja en una piel más saludable.
¿Qué ejercicio recomienda la evidencia científica?
Las principales sociedades científicas aconsejan combinar:
- Entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado, como caminar rápido, nadar, montar en bicicleta o bailar.
- Al menos dos o tres sesiones semanales de entrenamiento de fuerza, fundamentales para preservar la masa muscular, especialmente a partir de los 40 años.
- Ejercicios de equilibrio, movilidad y flexibilidad, especialmente en personas mayores.
No es necesario practicar deporte de alta intensidad.
La clave está en la constancia.
Caminar cada día, subir escaleras, realizar ejercicios de fuerza y mantenerse activo durante toda la vida produce beneficios muy superiores a realizar grandes esfuerzos de forma esporádica.
Protege tu piel mientras haces deporte
Si realiza ejercicio al aire libre durante el verano recuerde:
- Aplicar un fotoprotector SPF 50+ de amplio espectro.
- Reaplicarlo cada dos horas o tras sudar abundantemente.
- Utilizar gorra, gafas de sol y ropa técnica cuando sea posible.
- Evitar las horas centrales del día.
- Mantener una correcta hidratación antes, durante y después del ejercicio.
El mejor tratamiento antienvejecimiento
No existe ninguna crema capaz de reproducir todos los beneficios del ejercicio físico.
Cada paseo, cada entrenamiento y cada sesión de fuerza mejora simultáneamente el funcionamiento del corazón, los músculos, el cerebro, el sistema inmunitario, el metabolismo… y también de la piel.
En Dermaten insistimos siempre en una idea: la mejor dermatología comienza mucho antes de aplicar una crema. Empieza con unos hábitos de vida saludables.
Porque cuidar la piel no consiste únicamente en tratar lo que vemos por fuera, sino en construir salud desde dentro. Al final, todo está conectado.
El ejercicio físico no solo nos ayuda a vivir más años. Nos ayuda, sobre todo, a vivir esos años con más salud, más autonomía y una piel que refleje ese bienestar.
Feliz jueves,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
www.dermaten.es





















