Hace unos días tuve la suerte de visitar El Hierro, una isla que transmite una sensación difícil de explicar: luz limpia, mar en calma, carreteras silenciosas, naturaleza exuberante y una tranquilidad que parece invitar a respirar más despacio.
El Tamaduste, con sus aguas transparentes; Tacorón, con sus tonos volcánicos y rojizos; los senderos entre laurisilva; el sonido constante del océano; la amabilidad de la gente y la ausencia de masificación convierten a El Hierro en uno de esos lugares que nos recuerdan lo afortunados que somos de vivir en Canarias.
Pero El Hierro también nos enseña una lección profunda sobre el valor del agua.
Durante siglos, la isla sufrió una gran escasez de recursos hídricos. Sus antiguos pobladores, los bimbaches, dependían de la lluvia, de los manantiales y de un árbol excepcional: el Garoé, conocido como el Árbol Santo.
El Garoé era un til que crecía en la zona de San Andrés. Sus grandes hojas captaban la humedad de la niebla transportada por los vientos alisios. Esa humedad se condensaba, goteaba hasta el suelo y se recogía en pequeñas cavidades naturales. Para los bimbaches, el árbol era una fuente de vida: proporcionaba agua para las personas, los animales y la supervivencia cotidiana en una isla donde cada gota tenía un valor enorme.
La historia del Garoé nos recuerda algo muy actual: aquello que tenemos disponible cada día puede parecer insignificante hasta que falta.
Abrir un grifo, llenar una botella o servir un vaso de agua son gestos sencillos, pero detrás de ellos hay salud, bienestar, equilibrio y vida.
¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL AGUA?
Nuestro organismo depende del agua para prácticamente todas sus funciones. El agua participa en la regulación de la temperatura corporal, el transporte de nutrientes y oxígeno, el funcionamiento de los riñones, la digestión, la lubricación de articulaciones, la eliminación de productos de desecho y el buen estado de la piel y las mucosas.
Una hidratación insuficiente puede manifestarse como cansancio, dolor de cabeza, dificultad para concentrarnos, irritabilidad, estreñimiento, sensación de boca seca, menor rendimiento físico o una orina más oscura y escasa.
En verano, en Canarias, durante el ejercicio físico, en situaciones de fiebre, diarrea, vómitos o exposición prolongada al sol, las necesidades de agua aumentan de forma importante.
CUÁNTA AGUA NECESITAMOS
No existe una cifra idéntica para todas las personas, porque las necesidades dependen de la edad, el peso, la actividad física, la temperatura ambiental, la alimentación, el embarazo, la lactancia y determinadas enfermedades.
Como referencia general, las recomendaciones europeas estiman una ingesta total diaria de agua de aproximadamente 2 litros para las mujeres y 2,5 litros para los hombres. Esta cantidad incluye no solo el agua que bebemos, sino también la que aportan frutas, verduras, sopas, infusiones, leche y otros alimentos.
En la práctica, una buena estrategia es repartir la hidratación durante el día y no esperar a sentir una sed intensa. La sed es un mecanismo útil, pero en niños, personas mayores y durante actividades prolongadas al aire libre puede aparecer tarde.
Una señal sencilla de buena hidratación es observar el color de la orina: en condiciones normales, debería ser clara o amarillo pálido.
¿QUÉ TIPO DE AGUA ES MEJOR?
El mejor agua es la que sea potable, segura y agradable de beber para cada persona.
El agua de grifo sometida a controles sanitarios es una excelente opción en la mayoría de los lugares. También puede consumirse agua mineral natural, especialmente si se prefiere por sabor o composición.
No es necesario buscar aguas “detox”, alcalinas, ionizadas o con promesas especiales. No hay evidencia de que aporten beneficios extraordinarios frente a un agua potable segura dentro de una alimentación equilibrada.
En personas con hipertensión, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal, tendencia a retener líquidos o necesidad de restringir sodio, puede ser conveniente revisar la composición mineral del agua elegida y seguir las indicaciones de su médico.
¿CUÁL ES EL MEJOR MOMENTO PARA BEBER AGUA?
No existe una hora mágica. Lo importante no es beber grandes cantidades de golpe, sino mantener una hidratación regular.
Puede ser útil incorporar pequeños hábitos:
- Beber un vaso de agua al levantarse.
- Tener una botella visible durante la jornada laboral.
- Acompañar las comidas con agua.
- Beber antes, durante y después del ejercicio.
- Aumentar la ingesta cuando hace calor o se suda más.
- Evitar concentrar la mayor parte del agua por la noche, para no interrumpir el descanso con despertares frecuentes.
Un mito muy extendido es que beber agua durante las comidas “diluye los jugos gástricos” o perjudica la digestión. En personas sanas, beber agua antes, durante o después de las comidas no daña la digestión. De hecho, puede ayudar a masticar, tragar y mantener una adecuada función intestinal.
Lo importante es evitar utilizar refrescos azucarados, alcohol o bebidas energéticas como fuente habitual de hidratación. El agua debe seguir siendo la bebida principal de nuestro día a día.
HIDRATACIÓN Y PIEL
Desde la dermatología conviene recordar que beber agua es necesario para el funcionamiento normal de la piel, pero no sustituye la aplicación de hidratantes ni la fotoprotección.
Una piel seca, alterada por el sol, el viento, los jabones agresivos o determinadas enfermedades dermatológicas necesita cuidados externos específicos. Sin embargo, mantener una buena hidratación general favorece el equilibrio de las mucosas, el confort corporal y el buen funcionamiento global del organismo.
El Hierro nos enseña que el agua no es un recurso cualquiera. Es fundamental para la salud y supervivencia.
El Garoé, aquel árbol que recogía la niebla para transformarla en vida, sigue siendo un símbolo precioso de respeto por la naturaleza y de gratitud por los recursos que a menudo damos por hechos.
Quizá cuidar nuestra salud empiece, muchas veces, por algo tan sencillo como detenernos, escuchar nuestro cuerpo y beber un vaso de agua. A veces (muchas) lo más sencillo es lo fundamental.
Feliz semana,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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