Con las temperaturas que estamos viviendo este verano en Canarias, dormir sin ventilador o aire acondicionado resulta prácticamente imposible para muchas personas.
En los últimos días han aparecido numerosos titulares afirmando que «el ventilador deshidrata la piel». Pero, como suele ocurrir en medicina, la realidad tiene muchos más matices.
La respuesta corta es sí, puede favorecer la sequedad de la piel en algunas personas, pero no porque el ventilador extraiga agua de la piel, sino porque aumenta la velocidad con la que el agua que ya está presente en la superficie cutánea se evapora. Es como cuando fregamos el suelo, si abres las ventanas, se seca más rápido. Pues lo mismo.
Nuestra piel posee una extraordinaria estructura protectora denominada barrera cutánea. Está formada por las células más superficiales de la epidermis y por una mezcla de lípidos —ceramidas, colesterol y ácidos grasos— que actúan como un auténtico «cemento biológico» aislante. Gracias a ella mantenemos la hidratación y nos protegemos frente a bacterias, irritantes, contaminación o alérgenos.
Cuando durante horas una corriente de aire incide continuamente sobre la piel, aumenta la llamada pérdida transepidérica de agua (TEWL), un fenómeno ampliamente estudiado en Dermatología. Si la barrera cutánea ya está alterada, esa pérdida de agua puede hacerse más evidente.
No todas las personas lo notarán igual.
Quienes tienen dermatitis atópica, rosácea, psoriasis, piel seca, personas mayores o pacientes en tratamiento con retinoides, por ejemplo, suelen presentar una barrera cutánea más frágil y, por tanto, pueden despertarse con sensación de tirantez, picor, descamación o incluso con pequeños brotes inflamatorios.
Algo parecido ocurre con los labios, la mucosa oral, la faringe y los ojos. Durante la noche disminuye el parpadeo y el flujo constante de aire puede favorecer una mayor evaporación de la película lagrimal, produciendo sensación de ojo seco o irritación ocular, especialmente en personas con blefaritis, alergias, rinitis, asma, usuarios de lentes de contacto o pacientes con síndrome de ojo seco.
También la mucosa nasal puede resecarse, provocando molestias respiratorias o pequeñas hemorragias nasales en personas predispuestas.
Ahora bien,
Dormir con ventilador no es perjudicial para la salud de la piel si se utiliza correctamente.
De hecho, durante las olas de calor puede ser una herramienta muy útil para favorecer el descanso y prevenir el sobrecalentamiento corporal, algo especialmente importante en niños pequeños, personas mayores o pacientes con enfermedades cardiovasculares.
La clave está en utilizarlo de forma inteligente.
Lo recomendable es evitar que el chorro de aire incida directamente sobre la cara durante toda la noche, mantener una distancia prudencial, utilizar velocidades moderadas y, si es posible, programar un temporizador para que disminuya o interrumpa su funcionamiento durante la madrugada, cuando la temperatura ambiental suele descender.
Igualmente importante es reforzar la hidratación de la piel.
Aplicar una crema hidratante rica en ceramidas, glicerina o ácido hialurónico después de la ducha ayuda a restaurar la función barrera y disminuye la pérdida de agua durante la noche.
No debemos olvidar tampoco la hidratación desde el interior. En verano aumentan las pérdidas de agua por sudoración y una correcta ingesta de líquidos continúa siendo uno de los pilares fundamentales para mantener una piel sana.
En medicina, pocas veces existe un «sí» o un «no» absolutos. Pues con este tema, igual.
El ventilador no estropea la piel por sí mismo. Lo que realmente importa es el estado de nuestra barrera cutánea y aprender a protegerla para que continúe realizando su magnífica función de defensa.
Una piel bien hidratada, con una barrera cutánea sana, tolerará mucho mejor tanto el calor como el uso del ventilador durante las noches de verano.
Feliz y caluroso miércoles,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
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