La actividad volcánica produce en general, contaminación natural, ya sea a través de las emanaciones gaseosas o de las denominadas “lluvias de cenizas”.
Los gases disueltos en el magma son liberados durante una erupción, siendo los más importantes el vapor de agua, dióxido de carbono (CO2), monóxido de carbono (CO), óxidos de azufre, hidrógeno, nitrógeno, flúor, cloro, boro y arsénico. Tanto los compuestos de azufre como los cloruros y fluoruros reaccionan con el agua para formar ácidos tóxicos, los cuales aún en concentraciones bajas son nocivos para la vista, la piel y el sistema respiratorio y digestivo de los seres vivos.
Los efectos nocivos de los gases volcánicos generalmente quedan restringidos a un radio de 10 km. del centro emisor. Sin embargo, las erupciones explosivas de gran volumen, pueden determinar la formación de un velo estratosférico de polvo y aerosoles ácidos; estos pueden provocar efectos climáticos de alcance local hasta regional.
Los efectos de la erupción volcánica en la piel
La Dra. Marina Rodríguez, dermatóloga de Dermaten Clínicas, nos explica que a pesar de que las partículas ambientales pueden provocar un descenso en el índice ultravioleta en las zonas geográficas afectadas, es fundamental el uso de filtro solares para mejorar la función barrera cutánea e incrementar la protección frente a otras radiaciones como la infra-roja.
Además, las sustancias liberadas pueden provocar efectos irritativos sobre la piel y las mucosas: asma, conjuntivitis, blefaritis, orzuelos, gastroenteritis, dermatitis, etc.
- A nivel de la piel y mucosas, presenta un mayor riesgo de reacciones de este tipo las personas afectadas de dermatosis que suponen una disminución de la función barrera: dermatitis atópica, rosácea inflamatoria, dermatitis seborreica, dermatitis de contacto, pieles reactivas,…
¿Cómo proteger la piel?
Ante una situación de vulcanismo, recuerde que no debe salir de su casa si no es estrictamente necesario para evitar exponer su piel y sus mucosas a las partículas tóxicas ambientales. Si debe salir al exterior, hágalo siempre provisto de una mascarilla adecuada (FFP2), protección para el cuero cabelludo y gafas de protección.
Aunque estas recomendaciones son para toda la población en las zonas afectadas, deben seguirlas con mayor motivo las personas que padecen los cuadros dermatológicos anteriormente citados.
El uso diario de filtro de protección solar nos aportará una barrera extra frente a las sustancias tóxicas ambientales, además de usar ropas de protección que cubran las superficies expuestas, sobre todo en caso de lluvia (sombrero, gafas, manga larga).
Realizar una correcta hidratación de la piel tras la ducha para aportar ceramidas y otras partículas grasas que mejoren la calidad del estrato córneo, del que depende nuestra primera barrera defensiva cutánea.
Consumir suficiente agua (1,5-2 litros) para ayudar a la hidratación interna no solo de la piel, sino de las vías digestivas y respiratorias que también se pueden ver afectadas por la inhalación de partículas de ceniza. Tapar correctamente las jarras de agua para evitar la disolución de partículas ambientales en la misma, beber solamente agua mineral embotellada.
Ante la aparición de zonas eritematosas, con ardor o picor, aumentar la aplicación de emolientes locales y consultar de forma inmediata con un especialista para la prescripción de antiinflamatorios tópicos u orales o antihistamínicos, de cara a evitar la sobreinfección de las zonas afectadas o su cronificación.





















