Hoy quiero compartir con ustedes un momento muy especial que seguramente muchas habrán vivido con ilusión y repateo a partes iguales: la celebración del Día de Canarias en el cole. Esta fiesta no solo nos conecta con nuestras raíces, sino que también ofrece a nuestros niños una jornada llena de alegría, tradición y aprendizaje… ¡y vaya si lo disfrutan!. Sobre todo sus madres. Ayer me tocó ir a buscar la pelota de gofio, tortas chasneras, las ambrosías Tirma y los Munchitos y plátanos. Por supuesto, lo más caro de todo fueron los plátanos (???????). Y hoy por la mañana, mi hija adolescente opinaba que todos los consejos para enfundarse su traje típico con mil capas que le daba su madre estaban anticuados y eran «lo peor». Además, el recordatorio de que tenía que salir a una hora prudente para llegar al cole por mi parte era tomado como una ofensa personal grave. No comment.
El fajín de los niños y el sombrero de mago, pero de mago de los de varita y baraja de póker del chino que llevó el pequeño como pieza más importante del atuendo no voy a comentarlo. Por no hablar de que no se pudo plantear la opción de que se llevara 1 o 2 chocolatinas Tirma, sino que hubo pataleta hasta que metió toda la caja en la maleta. Y convencerlo de que van a estar igual de buenas que las que le dan en el Binter aunque el envoltorio no fuera verde. A 35ºC hoy en el parque llegarán los restos hechos un blandy-blue.
Pues después de la chapa que le doy a los niños con que no hay que comer ultraprocesados, que el azúcar mata y todo mi discurso de madre que quiere que sus hijos tengan salud, hoy he tenido una excepción. Y además, para rematarlo, entre la llantina de las ambrosías y el sombrero de plástico del chino, ¿saben qué?, pues no les he puesto el fotoprotector a mis hijos. Espero que se pongan a la sombrita en el parque. Como veo el panorama, a lo mejor, hoy mis hijos explotan y se desintegran. Pero no me voy a culpar, porque tengo que quererme y ser benévola conmigo misma.
Bueno, y ahora les doy la versión más diplomática que debería haber escrito desde el principio.
Ver a nuestros hijos e hijas vestidos con sus trajes típicos, bailando una isa o una folía, es simplemente entrañable. Los pasillos del colegio se llenan de color, música, juegos tradicionales como el salto del pastor o la lucha canaria, y sabrosas degustaciones de papas arrugadas, gofio, queso o bienmesabe.
Lo más bonito de esta celebración es que nuestros peques aprenden jugando: se sumergen en la historia, el folclore y las costumbres de nuestras islas de una forma viva y alegre. Además, compartir esos momentos con sus compañeros fortalece su sentido de comunidad y pertenencia.
Como dermatóloga, les animo a que estos días que suelen celebrarse al aire libre, no olviden proteger bien la piel de sus hijos: con gorritos, ropa fresca de algodón y, por supuesto, un buen protector solar. Así cuidamos su piel mientras ellos se divierten bajo el sol canario.
¡Feliz Día de Canarias a todas! Que no falte la sonrisa, el timple y el cariño que tanto nos define.
Feliz jueves,
Marina
—
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
www.dermaten.es





















