Estos días, en Canarias, no estamos simplemente “pasando calor”. Cuando el termómetro se acerca a los 40 grados y el aire llega cargado de calima, nuestro organismo tiene que realizar un esfuerzo extraordinario para conservar una temperatura estable.
Y no solamente sufre la piel.
El calor obliga a los vasos sanguíneos a dilatarse para liberar temperatura, aumenta la sudoración y favorece la pérdida de agua y minerales. Como consecuencia, el corazón trabaja más, puede bajar la tensión arterial y aumenta el riesgo de deshidratación y daño renal. También pueden empeorar las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, metabólicas y algunos problemas de salud mental.
La calima añade otro factor: las partículas de polvo permanecen suspendidas en el aire, se depositan sobre la piel y las mucosas y pueden producir sequedad, irritación ocular, tos, sensación de falta de aire y empeoramiento del asma, la bronquitis crónica o la EPOC.
Por eso, durante estos episodios no debemos limitarnos a ponernos protector solar. Necesitamos un verdadero plan de protección para todo el organismo.
1. Mantén tu casa fresca de forma inteligente
Durante las horas de más calor, baja persianas, toldos o cortinas y cierra las ventanas cuando la temperatura exterior sea superior a la del interior.
Ventila de madrugada o por la noche únicamente cuando el aire exterior esté más fresco y la calidad del aire lo permita. Si la calima es intensa, abrir todas las ventanas puede refrescar momentáneamente la casa, pero también introducir una gran cantidad de partículas. En ese caso, es preferible mantenerlas cerradas y utilizar aire acondicionado, sistemas de filtrado o ventilación interior.
No hace falta convertir la casa en una nevera. Una climatización moderada, acompañada de ropa ligera y un ventilador, puede proporcionar un ambiente confortable. La OMS advierte de que, cuando la temperatura ambiental alcanza aproximadamente los 40 grados, el ventilador no debe utilizarse como única medida de refrigeración, porque puede llegar a aportar más calor al cuerpo.
También ayuda:
- Apagar luces y aparatos eléctricos innecesarios.
- Cocinar a primera hora o preparar comidas frías.
- Utilizar sábanas ligeras y transpirables.
- Refrescar cuello, muñecas, axilas e ingles con agua fresca.
- Tomar duchas templadas o frescas, no necesariamente heladas.
- Pasar dos o tres horas al día en un lugar climatizado cuando la vivienda no puede mantenerse fresca.
2. Hidrátate de forma constante
Bebe agua de manera repartida durante todo el día. No esperes a sentir una sed intensa, especialmente si eres una persona mayor, estás trabajando, haciendo ejercicio o cuidando de otras personas.
El objetivo no es beber enormes cantidades de golpe, sino mantener una hidratación constante. La orina escasa y muy oscura, la boca seca, el dolor de cabeza, el mareo y el cansancio pueden indicar que necesitas aumentar la ingesta de líquidos.
En condiciones normales, el agua suele ser suficiente. Las bebidas con electrolitos tienen sentido cuando existe sudoración intensa y prolongada, ejercicio de larga duración, diarrea o vómitos. Un vaso de agua con sal preparado de manera improvisada no sustituye a una solución de rehidratación correctamente formulada.
Las personas con insuficiencia cardiaca, enfermedad renal, cirrosis o restricciones médicas de líquidos deben seguir las indicaciones individualizadas de su médico.
3. Cuida también tu aparato digestivo
Durante una ola de calor suele apetecer menos comer, y no pasa nada. Es preferible realizar comidas más pequeñas, ligeras y frecuentes que concentrar una comida muy abundante en las horas centrales.
Prioriza:
- Frutas y verduras frescas.
- Gazpachos y cremas frías.
- Ensaladas con una fuente de proteína.
- Yogur o kéfir, cuando se toleren bien.
- Legumbres en ensalada.
- Pescado, huevos o carnes ligeras.
- Alimentos ricos en agua, como sandía, melón, tomate, pepino o calabacín.
Evita utilizar el alcohol como bebida “refrescante”. Puede favorecer la deshidratación, alterar la percepción del calor y empeorar el descanso. También conviene limitar las comidas muy copiosas, grasas o excesivamente saladas.
El calor obliga, además, a extremar la seguridad alimentaria. Los alimentos refrigerados deben volver rápidamente al frigorífico y no deben permanecer durante horas sobre una mesa, dentro del coche o expuestos al sol. Mantener la cadena de frío es esencial para prevenir intoxicaciones alimentarias, que pueden provocar vómitos y diarrea y agravar rápidamente la deshidratación.
4. Protege el corazón y la circulación
Con el calor, los vasos sanguíneos se dilatan y puede aparecer sensación de bajada de tensión, debilidad o mareo al levantarse.
Durante estos días:
- Levántate lentamente de la cama o del sofá.
- Evita permanecer mucho tiempo de pie y completamente inmóvil al solajero.
- Suspende el ejercicio si aparecen mareo, dolor de cabeza, náuseas o debilidad.
- Busca un lugar fresco y túmbate con las piernas ligeramente elevadas.
- Vigila especialmente a las personas mayores, aunque digan que se encuentran bien.
Los diuréticos, algunos antihipertensivos, psicofármacos y otros medicamentos pueden influir en la hidratación, la presión arterial o la capacidad del organismo para adaptarse al calor. Esto no significa que deban suspenderse. Nunca modifiques un tratamiento por tu cuenta.
5. Protege tus pulmones durante la calima
Cuando la calima sea intensa:
- Reduce al máximo el tiempo en el exterior.
- Evita correr, montar en bicicleta o realizar ejercicio intenso al aire libre.
- Mantén puertas y ventanas cerradas.
- Limpia el polvo con un paño húmedo.
- Evita barrer en seco, porque vuelve a levantar las partículas.
- Mantén hidratadas la nariz, la boca y los ojos.
- Lleva contigo tu medicación de rescate si tienes asma u otra enfermedad respiratoria.
- Sigue el tratamiento inhalado habitual.
Las personas con asma, EPOC, alergias respiratorias, cardiopatías, niños pequeños y personas mayores deben extremar las precauciones. Ante dificultad respiratoria importante, opresión torácica, pitidos que no mejoran con la medicación habitual o empeoramiento rápido, debe solicitarse atención médica.
6. Simplifica el cuidado de la piel
El calor, el sudor, la radiación solar, la calima, el cloro y el salitre pueden alterar la barrera cutánea y empeorar la rosácea, la dermatitis atópica, el acné inflamatorio, la sudamina y otras dermatosis.
Durante estos días, menos suele ser más:
Por la mañana:
- Limpieza suave.
- Hidratante ligera si la piel la necesita.
- Fotoprotector de amplio espectro y resistente al agua. Aplícalo varias veces al día.
- Sombrero, gafas de sol y ropa que cubra la piel.
Al volver a casa:
- Retira con suavidad el sudor, el fotoprotector y las partículas de calima.
- Utiliza un limpiador no agresivo.
- Aplica una crema hidratante o reparadora.
- Cambia la ropa húmeda cuanto antes.
El fotoprotector debe aplicarse generosamente y reaplicarse aproximadamente cada dos horas mientras permanezcamos al aire libre, y siempre después del baño, la sudoración intensa o el secado con toalla.
No es el momento de estrenar un peeling potente, abusar de los exfoliantes, utilizar cepillos agresivos ni combinar múltiples activos irritantes si la piel está roja, tirante o sensibilizada.
7. Protege tu descanso
Dormir mal aumenta la sensación de agotamiento y dificulta afrontar el calor del día siguiente.
Para conservar una temperatura más confortable durante la noche:
- Ventila únicamente cuando el exterior esté más fresco y haya mejorado la calima.
- Utiliza ropa de cama ligera.
- Cena de forma temprana y moderada.
- Toma una ducha fresca antes de acostarte.
- Mantén agua cerca de la cama.
- Evita el alcohol y el ejercicio intenso a última hora.
- Traslada temporalmente el dormitorio a la estancia más fresca de la casa si fuera necesario.
Lo que no debemos hacer
Durante una ola de calor y calima:
- No hagas deporte intenso en las horas centrales.
- No abras todas las ventanas si el aire exterior está cargado de polvo.
- No utilices un ventilador como única refrigeración en una habitación cercana a los 40 grados.
- No bebas grandes cantidades de agua de una sola vez.
- No añadas sal al agua de manera rutinaria.
- No sustituyas el agua por alcohol, refrescos o bebidas energéticas.
- No modifiques los diuréticos, antihipertensivos o psicofármacos sin valoración médica.
- No guardes medicamentos en el coche ni los expongas directamente al sol. Deben respetarse las condiciones de conservación indicadas en el envase.
- No dejes nunca a un niño, una persona mayor, una persona dependiente o un animal dentro de un vehículo cerrado, ni siquiera durante unos minutos.
- No obligues a beber a una persona confusa, inconsciente o con dificultad para tragar.
- No intentes “aguantar” síntomas importantes pensando que solamente se deben al calor.
Aprende a reconocer las señales de alarma
El agotamiento por calor puede provocar sudoración intensa, debilidad, dolor de cabeza, mareo, náuseas, calambres y piel fría o húmeda.
Ante estos síntomas:
- Suspende inmediatamente la actividad.
- Traslada a la persona a un lugar fresco.
- Afloja la ropa.
- Refresca la piel con agua y paños húmedos.
- Ofrécele agua a pequeños sorbos si está consciente y puede tragar.
- Solicita valoración médica si no mejora, presenta vómitos o los síntomas duran más de una hora.
La confusión, la alteración del comportamiento, el desmayo, las convulsiones, la respiración o el pulso muy acelerados, la piel muy caliente o una temperatura corporal cercana o superior a 40 grados pueden indicar un golpe de calor.
El golpe de calor es una urgencia médica. Hay que llamar inmediatamente al 112, trasladar a la persona a un lugar fresco, comenzar a enfriarla y no darle líquidos por la boca si está confusa o tiene alterado el nivel de consciencia.
Cuidarse también significa anticiparse
En medicina, muchas de las medidas más eficaces parecen pequeñas: bajar una persiana antes de que entre el calor, llenar una botella de agua, cambiar la hora del entrenamiento, llamar a una persona mayor que vive sola o decidir no salir cuando el aire está cargado de polvo.
Pero esos pequeños gestos pueden evitar un problema importante.
Estos días, no se trata de demostrar cuánto calor somos capaces de soportar. Se trata de escuchar al cuerpo, adaptar nuestras rutinas y proteger especialmente a quienes tienen menos capacidad para hacerlo por sí mismos.
Cuidarse no es resistir. Cuidarse es anticiparse.
Feliz semana,
Marina–
Dr. M. Rodriguez-Martin MD, PhD
Dermatologist
Tenerife, Spain
www.dermaten.es





















